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HISTORIA
DEL ACEITE de oliva EN LA ÉPOCA VISIGODA.
Los visigodos fueron un pueblo nómada del Norte de Europa que los
romanos definieron como bárbaros.
Hacia el siglo V d. C., tras varios enfrentamientos con la potencia
romana los visigodos comenzaron a firmar pactos o
foedus con el Imperio Romano,
que poseía el dominio de gran parte del territorio europeo. A través de
estos pactos, el pueblo visigodo se comprometió a defender las
propiedades romanas del resto de invasiones bárbaras, a cambio Roma les
reconoció el derecho a asentarse en sus tierras.
A comienzos del siglo V los visigodos se establecen en Hispania mediante
un nuevo foedus con Roma.
Tendrán que pasar casi cien años hasta que el poder político visigodo se
consolide y funde un reino propiamente dicho. La sociedad hispano romana
que habitaba la Península entró en
contacto con las nuevas gentes del norte que traían costumbres más
rudas. Con el paso del tiempo, ambas sociedades se fueron asimilando
mutuamente. El cristianismo era la religión de la Hispania Romana y el peso de la Iglesia fue en aumento
llegando a aglutinar bajo su fe a toda la sociedad.
La sociedad visigótica se dedicaba principalmente a la ganadería. La
oveja, la vaca y el cerdo eran las especies ganaderas predominantes. De
estos animales se aprovechaba todo: la lana para abrigo, la leche para
quesos, la carne como alimento,… Sin embargo, la agricultura también se
desarrolló aunque en menor medida. En la zona de la meseta castellana
primó el cultivo de cereales, sobre todo trigo y cebada.
A la hora de cocinar la cultura visigoda traía como herencia el consumo
de grasas animales como la manteca de cerdo o el tocino. No obstante,
fueron adoptando la costumbre mediterránea del consumo de aceite de
oliva virgen que se asociaba a “lo civilizado”. Ambas tradiciones
persistieron, se realizaron platos con grasas animales pero también con
grasas vegetales, fundamentalmente aceite de oliva virgen extra.

Guerreros
Visigodos. En esta época el cultivo del olivo y el aceite de oliva se extendió
notablemente
.
A pesar del
predominio de la ganadaría, en
la época visigoda, el cultivo del olivo, fue avanzando y se extendió
incluso a zonas de montaña y de clima poco favorable. San Isidoro de Sevilla señala
en el siglo VI que la sombra de los olivos cubría el suelo de España.
El
cultivo del olivo mejoró mucho durante el califato de Córdoba; el valle del
Guadalquivir albergaba, sin género de dudas, las mejores explotaciones oleícolas
conocidas. Pero no fue solo Andalucía la región que se aprovechó de la región
árabe. También Cataluña y Aragón disponían de excelentes olivares.
Hacia mediados
del siglo XII, Abu Sacaría señala la enorme extensión ocupada por olivares
que rodeaban Sevilla y la excelente calidad del aceite elaborado en Astigi.
Tanto progresó
la oleicultura andaluza bajo la dominación musulmana, especialmente en la región
del Aljarafe, convertida en un frondoso bosque olivarero, que los vocablos
ajarafe o jarafe, se utilizaron como sinónimo de olivar bien cultivado. Los árabes
no solo mejoran las técnicas de cultivo, de irrigación de la tierra y de
elaboración del aceite de oliva, sino también las de fabricación de grandes
tinajas para el almacenamiento del aceite. Ellos fueron en gran parte los descubridores de
los usos medicinales, cosméticos y culinarios del aceite de oliva, algunos de
los cuales todavía siguen vigentes en la actualidad
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